El Gobierno, entre el dogma y la timba

El show de Milei se agota y LLA queda obligado a gobernar. Sturzenegger puentea a Caputo y encara una negociación paralela con el Fondo. Locales cerrados, suspensiones y libertad de extorsión.

Politica 24 de junio de 2024 TELEDIARIO.COM.AR TELEDIARIO.COM.AR
Nicolás José Posse, Luis Andrés Caputo y Javier Gerardo Milei.
Nicolás José Posse, Luis Andrés Caputo y Javier Gerardo Milei.

En algún momento, Javier Milei tendrá que interrumpir su show itinerante y aterrizar. Después de seis meses de un ajuste tan agresivo como para asustar a Domingo Cavallo, el defensor de la escuela austriaca espera que Diputados apruebe finalmente el jueves próximo sus primeras leyes. Si el diálogo de Guillermo Francos y Santiago Caputo con la oposición colaboracionista de Silvia Lospenatto, Miguel Angel Pichetto y Rodrigo De Loredo da resultado, el Gobierno intentará sancionar la versión original del paquete fiscal por mayoría simple y tendrá la Ley Bases que reclama el poder económico con las modificaciones del Senado. Este lunes habrá definiciones pero el Gobierno quiere dictaminar el martes y votar el jueves. En la previa, la confianza está del lado de la Casa Rosada y la resignación, en el bloque de Unión por la Patria.  

La difusión de supuestas inversiones atadas al régimen de beneficios excepcionales que hicieron desde el sector privado en los últimos días es una muestra explícita del grado de intimidad del gobierno con los dueños de la Argentina. Si en un primer momento el lobby de las grandes empresas fue uno a uno sobre los diputados, ahora la presión es abierta y tiene un límite delgado con la extorsión. Por razones estructurales y responsabilidades propias, a cuarenta años del regreso de la democracia, los representantes del pueblo también resultan sommeliers del ajuste. 

El problema para Milei es que si la casta levanta la mano para darle lo que reclama se verá obligado a gobernar. Único en su tipo, el experimento de ultraderecha que lidera el ex economista jefe de Eduardo Eurnekian está emplazado y tiene que tomar definiciones inminentes si pretende despegarse de ese adjetivo que lo persigue desde el inicio: insostenible. Aunque Luis Caputo y sus funcionarios nieguen la devaluación de entre el 30 y el 40% que el staff report del FMI acaba de reclamar por escrito, el problema del financista que la derecha argentina se empeña en poner a gobernar se llama Milei y, sobre todo, Federico Sturzenegger. 

El ex jefe de trading del JP Morgan para América Latina y el ex Decano de la Escuela de Negocios de la Universidad Di Tella tienen formaciones antagónicas y se detestan desde hace años, pero su enemistad encuentra razones renovadas porque miran manuales distintos a la hora de definir cuáles ser los próximos pasos del Gobierno.

El académico que fue funcionario de Fernando De la Rua y Mauricio Macri tiene un rol protagónico en el gobierno de La Libertad Avanza desde el minuto cero y su llegada al gabinete ya se parece al cuento del pastorcito mentiroso. Pero Sturzenegger no espera. Para disgusto de Caputo, es el hombre de Milei que viene llevando adelante una negociación paralela con autoridades y economistas cercanos al Fondo que lo conocen desde hace décadas. Más que eso, comparte el ultimátum del organismo de crédito que decidió prestarle a Macri 44 mil millones de dólares, en un acto temerario por el que -salvo la Argentina- nadie pagó costos.

Detrás de los elogios para el gobierno de La Libertad Avanza que se leen en el documento de 110 páginas que dio a conocer el staff del Fondo, aparecen las exigencias: profundizar el ajuste vía aumento de tarifas, eliminar el cepo, acabar con el llamado dólar blend para los exportadores y unificar el tipo de cambio con una devaluación que lleve el dólar a la frontera de los 1200 pesos. 

Los economistas que dialogan con él dicen que Sturzenegger comparte la hoja de ruta que Caputo rechaza: quiere salir del cepo cuanto antes. No es telepatía sino resultado de las conversaciones que el ministro paralelo tiene desde hace varios meses con hombres que inciden en la política del Fondo. El creador del megadecreto que el Congreso comprimió fue uno de los promotores del blindaje del FMI en 2001 y el megacanje de bonos que, según la auditoría del perito en ingeniería financiera Moisés Resnick Brenner, le costó 55 mil millones de dólares a la Argentina.

Entre los amigos y conocidos que tiene Sturzenegger, están Rodrigo Valdés, el director del Departamento para el Hemisferio Occidental y su antecesor en el cargo, el brasilleño israelí Ilan Goldfajn, que asumió como presidente del BID después de haber sido el hombre clave del Fondo para América Latina. Sturzenegger y Goldfajn fueron compañeros en el MIT, escribieron libros juntos y comparten un grupo de chat como ex presidentes de bancos centrales de América Latina. Otro conocido del ministro sin cartera es Olivier Blanchard, el ex economista jefe del Fondo que fue profesor suyo en el MIT. Y hay más. En todos lados, los que quieren a Sturzenegger coinciden en asignarle dos características explosivas: dicen que es una mente superior, pero admiten que está loco. En sus experiencias anteriores en la función pública, esa mima combinación resultó criminal para la población y a él lo llevó a tribunales: 

Con su filtro de realidad aumentada, Milei define a Caputo como el mejor ministro de Economía de la historia y lo llena de elogios. Pero tiene a Demian Reidel, un hombre de Sturzenegger, como jefe de asesores económicos. El economista y ensayista Luis Lea Place advirtió la singularidad de Milei. “Milita la incoherencia. Es un rockstar del caos”, dice. No se le puede pedir previsibilidad ni que cumpla con lo que dice. No lo puede hacer Caputo, que era acusado por el ahora presidente de fumarse irresponsablemente 15 mil millones de dólares de las reservas durante la aventura de Macri en el poder. Tampoco lo pueden hacer los que como Nicolas Posse se plegaron a las fuerzas del cielo y se fueron eyectados con denuncias sobre sus espaldas. La renuncia del cavallista Joaquin Cottani, que llegó como viceministro de Economía, y su reemplazo por el chileno José Luis Daza se instalan en ese mapa de inestabilidad interna.

Caputo anunció hace 10 días la intención de firmar un nuevo programa con el Fondo porque pretende que el organismo le entregue los 13 mil millones de dólares que restan del préstamo irregular que le había otorgado a Macri. Los que lo conocen dicen que quiere blindarse de una disparada inflacionaria y utilizar esos dólares para regular el tipo de cambio. Pero el FMI no se olvida de que ya lo vio quemar reservas, cuando intervino desde el BCRA sobre el mercado paralelo y desoyó las reglas del acreedor privilegiado de la Argentina. 

A pesar del acto reflejo de Caputo que indica donde hay una necesidad hay un bono, el gobierno de Milei no tiene los dólares que quisiera y la temporada de liquidación del agronegocio se acaba. Está en una encerrona que le marcan desde Cavallo -ayer su musa inspiradora- hasta ex colaboradores suyos como el ultraliberal Carlos Rodriguez. Sin acceso al mercado de capitales, el ajuste brutal que elevó la pobreza y la desigualdad en los últimos seis meses se hizo para pagar deuda: el 9 de julio llega el primer vencimiento de capital de la deuda que reestructuró Martín Guzmán. Caputo no defaultea ni renegocia: solo concibe endeudarse. Según informó la secretaría de Finanzas, en junio la deuda pública se elevó el equivalente a 21.000 millones de dólares y llegó al récord histórico de U$S 435.674 millones. Durante los primeros cinco meses del año, además, el stock de deuda bruta aumentó en U$S 65.000 millones.

De acuerdo a un trabajo conjunto que Suramericana Visión y Fundar difundirán en las próximas semanas, el Gobierno debería salir del cepo en este momento porque no va a tener condiciones más benignas para hacerlo. Los autores son Guzman y Guido Sack, que proponen algo que el Gobierno no parece encaminado a hacer: una salida heterodoxa que tenga compensaciones y que imponga regulaciones para impedir a las empresas con utilidades retenidas comprar todos los dólares que quieran. Rechazan la salida autodestructiva de Macri, Prat Gay y Sturzenegger en 2016 y se inspiran en lo que hicieron Néstor Kirchner, Robero Lavagna y Mario Blejer, cuando adoptaron el sistema de regulaciones que estuvo vigente entre 2003 y 2011. 

Guzmán y Sack sostienen que el gobierno no va a tener una mejor oportunidad. Piensan que es difícil que la brecha sea mucho menor y que el riesgo de espiralización inflacionaria sea más bajo porque, salvo las utilidades retenidas de las empresas multinacionales, hay pocos pesos en la economía. En eso, coinciden con lo que Sturzenegger le transmite a sus amigos del Fondo. La diferencia son las regulaciones que plantean y que, para el enemigo interno de Caputo, resultan un extravío o un sacrilegio. 

Las diferencias entre los dos hombres que ya fueron parte sustancial de la aventura de Macri en el poder no se limitan a lo que viene. Ya se enfrentaron fuerte cuando Caputo le declaró la guerra a las prepagas. Autor del artículo del megadecreto que ordenaba a los médicos prescribir medicamentos genéricos, Sturzenegger pidió en público “confiar en el mercado”. La Argentina de Milei está entre el dogma de su asesor estrella y la timba que genera adrenalina en el ministro adicto a las apuestas.

Mientras el gobierno festeja un superávit financiero que se agota en junio por el pago de la importación de energía y los aguinaldos, la economía real ingresa en un punto límite. La brutal recesión convierte los centros comerciales en un paisaje gris de lugares que están vacíos y locales que cierran de un día para el otro. Según CAME, la actividad manufacturera de las pymes descendió 19% anual en mayo y acumula una retracción de 19,1% en los primeros cinco meses del año frente al mismo periodo de 2023. Como consecuencia, la desocupación se eleva como la principal preocupación en las encuestas. 

Por la caída de las ventas, Acindar anunció en los últimos días que este lunes paraliza tres de sus cincos plantas y suspende por tres semanas a 450 empleados de Villa Constitución, Rosario y San Nicolás. Es el reverso del plan de inversiones atado al RIGI que anunció la compañía Sidersa en San Nicolás. De buena relación con el Grupo Techint, la empresa de la familia Spoto anuncio que instalar una planta siderúrgica en San Nicolás para fabricar 360 mil toneladas de hierro de construcción por año. Piensan destinar U$S 100 millones a la tecnología importada y 200 millones a producción nacional. Lo mismo hizo Transportadora de Gas del Sur, propiedad de Marcelo Mindlin y la familia Sielecki, que promocionaron inversiones por 700 millones en Vaca Muerta si el RIGI se aprueba en los próximos días. Se trata de inversiones que estaban en marcha -Sidersa ya había anunciado la suya en septiembre pasado- y ahora aprovechan un contexto propicio, en el cual Milei decide resignar los dólares que no tiene para ser fiel a su dogma.

El presidente puede hacerlo porque el sistema político que lo catapultó a lo más alto todavía sigue aturdido. La guerra interna de Patricia Bullrich con Macri hizo detonar en las últimas horas al ritondista Vicente Ventura Barreiro, hasta la semana pasada su número dos. La ministra difunde encuestas en las que la marca del PRO mide hoy apenas 8 puntos a nivel nacional y presiona para diluir a los residuos del macrismo en la campaña legislativa de LLA. El ex presidente resiste a la espera de que Milei se debilite un poco más y tenga que pedirle auxilio.

A casi 50 años de la muerte de su fundador, el peronismo está lejos de sintetizar una propuesta para hablarle a la misma sociedad que prefirió elegir a Milei antes que darle el gobierno. A los conversos como el neolibertario Daniel Scioli se suma el apoyo de una facción de los gobernadores a las leyes del presidente. Prematura, la interna en la provincia de Buenos Aires se reedita cada día. En eso, la oposición también sigue los ritmos que impone el gobierno: piensan en 2025 mientras las mayorías no saben qué va a pasar mañana. 

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